LOS ESCLAVOS DE LOS PIÑEIRO

            Sabía Ud. que  los Piñeiro al igual que su vecino Juan Manuel de Rosas poseían esclavos en su estancia?.

            La razon por la que se importaban negros provenientes de África obedecía a la falta de mano de obra, estos trabajaban como albañiles, peones de campo, sirvientes, etc… Muchos de ellos, después de la Revolución de Mayo fueron ubicados en los puestos más peligrosos de la primera línea de fuego, también servían como motivo de ostentación y lujo para sus dueños.

            La Asamblea del año 1813 declaró la “libertad de vientre” y a partir de ese momento ya no se importaron más, aunque hubo exepciones.

            Ya no se consideraban esclavos los nacidos después de esa fecha, pero los que ya eran subsistieron hasta el año 1853, ya que después de la caída de Rosas, los constituyentes declaran que definitivamente queda abolida la esclavitud en la República Argentina.

            Al morir Manuela Josefa Fernández  madre de los Piñeiro en 1834 poseía 27 esclavos y en el testamento dispone que se les de libertad a la mayor brevedad posible a los criados de su propiedad según indiquen sus hijos y albaceas, Francisco y Felipe. De esta manera quedan liberados 12 morenos, ya que así se los llambá, y los restantes 15 fueron repartidos entre los hijos de Doña Manuela.

            En el libro “La época Rústica en Avellaneda y Lanús” de Rudi Varela, además de estos datos, encontramos que Felipe Piñeiro se queda con dos: Ramón, de 20 años de edad tasado en 1825 pesos y José, de 15 años tasado en 1500 pesos.

            Vivían en cuartos de madera cerca del Riachuelo y sus tareas eran mantener el ciudado de la glorieta que había en la rivera, donde la gente invitada descansaba después del baño en el río, que por ese entonces estaba limpio. El trato que le daban a Felipe y a Francisco era el de  “el amo” y a la gente blanca “de su merced”

            Su vestimenta era de chiripá y chaquetón de bayetón, a veces andaban descalzos y otras con tamangos, para ir los domingos a la “Capilla del Italiano”, vestían con ropas usadas de Don Felipe y luego se iban a la ciudad a reunirse con su comunidad en los candombes  a bailar y tocar el tambor.

            Ramón era quien entretenía con el clave a la familia e invitados y la labor más importante que tenía José era matar hormigas “hormigonero” como él mismo se llamaba, como no existían hormiguicidas se tenía que ingeniar para averiguar la dirección de los conductos, la extensión, la situación de la hoya, etcétera.

            Estos fueron los últimos esclavos de Felipe Piñeiro, fueron también la fiel representación de una época que marcó de alguna manera el paso de la esclavitud por lo que hoy es Avellaneda.

Secretaría de Cultura, Educación y Promoción de las Artes. Archivo Histórico.

Recopilado por PATRICIA DENTI.

Av. Mitre 366 Avellaneda – Tel. 4205/9555-58

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Acerca de Hernán Bravo

Director y fundador del periódico La Voz de Piñeiro desde 2003. Técnico superior en Periodismo egresado de TEA en 1998.

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