ENTREVISTA AL VECINO ALFREDO CHENDO

Alfredo Chendo fue uno de los vecinos que más activó en varias organizaciones sociales del barrio. A los 74 años, lejos de la militancia política y social, reflexiona sobre su niñez en el barrio y su participación en distintas instituciones barriales, en las que muchas veces fue tesorero. Del picadito en la esquina a la fundación de la Unión Industrial de Avellaneda. Una vida en el barrio. Nota publicada en La Voz de Piñeiro de diciembre de 2006.


¿Usted es nacido y criado en Piñeiro?

No, nací en Avellaneda y a los tres años cuando muere mi padre vinimos a la casa de mi abuelo materno en García y Aldecoa. Esto en 1936. Yo vivía en una casa de inquilinato que era nuestra. Después cuando Perón sacó la ley de baja de alquileres mi mamá tuvo que salir a trabajar. Esta como todas las medidas fue injusta, injusta para los pequeños, pero justa para los grandes dueños de con-ventillos. Mi abuelo había comprado esa casa para vivir de rentas porque en esa época no había jubilación.


¿Cómo recuerda al barrio en ese entonces?


Era un barrio de puertas abiertas. Lo que más se diferencia con la actualidad era la seguridad, había algunas cositas pero nada más. Lo que sobresalía era la soli-daridad. Cuando uno estaba enfermo los demás lo cuidaban. Si se moría alguien, en el boliche juntaban la plata para el entierro. Yo viví el 17 de octubre de 1945 acá en el barrio. La verdad es que no le di pelota. Fuimos al colegio y nos dijeron: no hay clases. Nos juntamos con todos los pibes en la esquina de García y Aldecoa, donde había un buzón, y nos fuimos a jugar a la pelota donde ahora están los monoblock de Inde-pendiente. Cuando volvimos, empezamos a ver a la gente, a los obreros que volvían, algunos pintaban consignas en las paredes. Ya cuando volvían por la calle Domínguez era un espec-táculo. Yo mucha claridad política no tenía pero me di cuenta que todos los obreros querían a Perón. Los pibes eran todos peronistas.


¿Y después se hizo comunista?


Si yo no hubiera tenido una familia de mentalidad burguesa me hubiera hecho peronista. Éramos pobres diablos pero con mentalidad burguesa. Mi madre iba todos los domingos a misa. No tenía criterio político.
Usted ha participado de varias instituciones, ¿qué empezó primero su militancia política o social?
Primero empecé a participar de las instituciones. Fun-damos un centro cultural. Tenía algunas inquietudes. Me di cuenta que me faltaba hacer algo cuando entro al Colegio Nacional al terminar en la escuela 14 como uno de los mejores alumnos en gra-mática y matemática, pero no sabía nada de lo social. No había leído nada. En el Nacional había dos tipos que sabían un montón y ahí empecé a leer. Después vino Cacho Picollo, que ya era comunista, y me dijo que se estaban juntando algunos muchachos para fundar un centro cultural. La reunión se hizo en el Centro de Comer-ciantes como todo lo que se hacía en ese momento. El impulsor era Mumita Fernán-dez y Celina. Ese día también vino Humberto Correale, que era de Piñeiro y un dirigente sindicalista del anarquismo. La mayoría eran anarquistas y comunistas. Hubo una dis-cusión bastante inconducente sobre si ponerle centro o círculo. Al final se llamó Centro Cultural Verdad. Entre las actividades que recuerdo está la charla que organizamos con Rafael Alberti en el Club Jorge Newbery que estaba en la calle Gorriti entre Giribone y Aldecoa. El lugar estaba lleno, había muchas inquietudes. Cuando lo llevamos a la casa nos contó cómo se había escapado de España cuando pierde la República. Como no entendía a los anarquistas y los peronistas del barrio que eran amigos me dijeron que rajara de ahí porque me la iban a dar a mi y a todos los comunachos que estaban, me fui, el Centro siguió y se perdió en el tiempo. Así que durante un tiempo me dediqué a ir a la milonga. Pero después empecé a hacer teatro inde-pendiente, es acá donde aprendí sobre socialismo, comunismo e inquietudes sociales. Ahí me afilio al comunismo.


¿Era bastante fuerte el comunismo en Piñeiro?


Sí, era muy fuerte. Había muchos dirigentes comunistas en La Negra. Estaban Jesús Mira, Fernández Lemmi, Juan Mayan, entre otros. Y fue creo que Jesús Mira el que nos dijo que armáramos una Cooperativa de Crédiro en Piñeiro. Con mucha gente del barrio armamos la Cooperativa. Creo que esta fue una de las mejores cosas que hizo el partido.


¿Cómo influyó la Cooperativa en el desarrollo del barrio?


Una zona que uso mucho la Cooperativa es Villa Castellino. Había muchos peque-ños talleres que con los créditos pudieron armar sus empresas. La mayoría eran ex trabajadores de la SIAM y tenían su torno o un balancín. Esto duró de 1964 a 1966, luego se transformó en el Banco Credicoop.


¿En qué otras instituciones participó?


En la Sociedad de Fomento Francisco Pienovi en la década del ochenta y después en el 90 que fui presidente sin haber ido a la asamblea porque yo no quería serlo. En un momento viene Filucho y me cuenta que se está armando una asamblea para recuperar la Sociedad de Fomento que estaba muy abandonada. Yo le digo que si, que contará conmigo. Al poco tiempo se hizo la asamblea y había dos listas. En una estaba Rivas y en la otra Filucho. Había mucha gente del barrio. Fui Secretario. No había nada y nosotros arrancamos con las fiestas de los carnavales. Los carnavales fueron un éxito y pudimos comenzar a recuperar la Sociedad de Fomento. Después, me llamaron para armar la Unión Industrial de Avellaneda, de la que fui gerente. También pasé por la Comisión Pro Amoblamiento de la 2da, la Comisión de Homenaje a Piñeiro, el Centro de Jubilados Unidos de Piñeiro en Acción. En casi todas éstas fui tesorero.

Acerca de Hernán Bravo

Director y fundador del periódico La Voz de Piñeiro desde 2003. Técnico superior en Periodismo egresado de TEA en 1998.

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