PIÑEIRO ESPLENDOR Y ÉXODO

POR DIONISIO BASTIDA

Quienes conocimos la pujanza y el progreso que ostentaba nuestro Piñeiro allá por fines de la década del treinta, principios de la del cuarenta, no podemos impedir ponernos nostálgicos y añorar esos años no tan lejanos.

   Como un símbolo de ese esplendor, nos quedó en la retina el brillo de las calles Giribone y Domínguez (hoy Lebensohn) con sus luces de neón intermitentes en algunos letreros comerciales, semejantes a las lujosas marquesinas del centro de Buenos Aires. En ese predio se desarrollaba un comercio activo y moderno, donde se vendían artículos de todos los ramos del equipamiento hogareño. En Giribone se encontraban importantes tiendas y mercerías, cuyos dueños en su mayoría pertenecían a la colectividad árabe.

   El núcleo barrial contaba con una comisaría (la 3ª, 2ª después) situada en la calle Rivadavia, a metros de Dominguez, además se contaba en su seno con el Banco Avellaneda, instalado en el majestuoso edificio del Centro de Comerciantes y Propietarios de Piñeyro. Al lado, en el edificio de la Sociedad de Educación Popular Bernardino Rivadavia funcionaba el Colegio nocturno Carlos Fiorito y en el turno diurno dictaba clases la escuela primaria Nº 12 Florentino Ameghino. En la esquina con Rivero el cine La Perla todavía daba funciones cotidianas. Más adelante, hacia la estación ferroviaria, teníamos la agencia de correos y telégrafos y a media cuadra por la antigua calle Fraga estaba el Registro Civil.

   Piñeiro contó con las comodidades y el confort moderno, desde un principio en que se fueron incorporando a la vida de los argentinos, los teléfonos, las obras sanitarias, el gas, además de la legendaria luz eléctrica, le confirieron una matriz de vanguardia y adelanto que sus habitantes disfrutaban, lo manifestaban y se enorgullecían de ello.

   La arquitectura de las casas particulares fue perdiendo las decoraciones, molduras y mensuras de antaño, para dar lugar paredes lisas y rectas, acorde con lo último del arte decorativo de ese entonces. El edificio ubicado en Rivadavia y Paraná (hoy Comisionado Araoz) era muy conocido por el nombre de sus propietarios, los Álvarez, y su ubicación frente a la Plaza Marcelino Ugarte, recién inaugurada (1940), constituía un lugar de atracción para los vecinos, siendo muy admirado el motivo arquitectónico de un simulado barco, instalado en la terraza de sus dos pisos que aún llama la atención.

   La población estaba integrada por inmigrantes, sus hijos y nietos, con el denominador común del trabajo y las ansias de progreso sin ninguna división elitista. Allá por el ´40, Piñeiro ostentaba una pujante «clase media», integrada por industriales, gerentes bancarios, comerciantes, médicos, abogados, escribanos, gerentes de ferrocarriles y los frigoríficos, que en conjunto conformaban la denominada «flor y nata» de la población argentina.

   Había terminado la gran recesión del año ´30 y se insinuaba una reactivación general de la economía con una mayor oferta de trabajo. Se comenzaban a hacer en la Argentina las famosas herramientas (llaves inglesas) y utensilios de uso doméstico y muchísimos otros enseres, que antes se importaban principalmente a Inglaterra y Alemania y que ahora no podían llegar por la situación beligerante, debido al estallido de la segunda guerra mundial.

   Los obreros de Piñeiro, trabajaban en su mayoría cerca de sus hogares, con el horario cortado, que a muchos les permitía venir a comer a su casa. Cuando sonaba desde las fábricas el inconfundible pito de las cinco de la tarde, que representaba el fin de la jornada, algunas zonas del barrio se convertían en un hormiguero de gente. Apuradas unas, otras con un margen de tiempo para tomar una copa en el boliche, comentando temas de actualidad cotidiana.

   Las condiciones laborales constituían el principal aspecto crítico hacia la sociedad de entonces, pues los obreros carecían de las reglamentaciones en las relaciones del trabajo, tales como las conocemos ahora, que garantizaran un mínimos de dignidad y decoro de una justicia social. Los operarios no contaban con ninguna estabilidad en sus puestos, muchos de ellos transitorios y malsanos para la salud. Cuántos hombres y mujeres de Piñeiro transitaron por las calles Giribone, Pavón o la antigua Domínguez rumbo al Frigorífico La Negra a las 4 de la madrugada, sin saber a ciencia cierta si conseguirían entrar en el turno de trabajo.

   Los almaceneros vendían al fiado con las populares libretas negras en las que anotaban las deudas de los clientes. En cierta manera, los dueños de los almacenes (los gallegos) practicaban la beneficencia pues al arreglar la cuenta a fin de mes o en las quincenas omitían de cobrar algunos artículos.

   Los primitivos propietarios de Piñeiro fueron construyendo piezas y cocinas en hilera para alquilar a dos o tres familias, conviviendo con los inquilinos en sus casas. No se conocían los conventillos en Piñeiro. A partir del ´50, Piñeiro decayó en su impulso, tesón y esfuerzo por mejorar la vida de sus pobladores. Ya no convenía construir para alquilar en Piñeiro, al contrario los propietarios preferían esperar a que se desocuparan sus piezas para vender la propiedad.

Así el éxodo de las jóvenes parejas  que no encontraban  viviendas para permanecer en el barrio, se sumó la ida de los «viejos» que dejaron las antiguas y grandes  casonas en busca de un confortable departamento de propiedad horizontal. De este modo fueron apareciendo importantes predios desocupados que se convirtieron en baldíos. Otros se destinaron a depósitos o pequeños talleres por sus nuevos propietarios.    A  despecho de esta situación adversa, nuestro Piñeiro sigue mostrando en estadísticas actuales el mayor porcentaje industrial del Partido de Avellaneda.

Cual un grande y poderoso coloso aletargado, nuestro barrio espera un soplo vivificante para lucir nuevamente su empuje y su fuerza creadora latente.

   Por fortuna quedan los retoños del viejo tronco, que no emigran ni reniegan de la tradición de trabajo y progreso de sus antepasados. Estos jóvenes habitantes, con sus viviendas y proyectos otorgan una faceta de progreso a Piñeiro, que tanto merece ostentar.      

Acerca de Hernán Bravo

Director y fundador del periódico La Voz de Piñeiro desde 2003. Técnico superior en Periodismo egresado de TEA en 1998.

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2 comentarios en «PIÑEIRO ESPLENDOR Y ÉXODO»

  1. En mi niñez y juventud te puedo nombrar en dos manzanas que van desde Rivero, Dominguez, Gorriti, Rivadavia y Giribone clàsicos comercios que hoy quedan muy pocos y otros desaparecieron como:
    El cine La Perla, Panaderìa y Confiterìa La Industrial de Piñeiro (el mejor pan y la mejor factura que comì en mi vida, los cañoncitos con dulce de leche eran un clàsico como asì el lugar que contaba con dos entradas y salidas respectivamente y siempre atendidas por creo se llamaban Pichi y Marìa, la librerìa Platero, la librerìa de Juan Najurieta que tenìa de todo, mi escuela 12, el centro de comerciantes, la tintorerìa de Moromizato, la fiambrerìa de Andrès (el mejor jamòn crudo por años). Casa Bastida (tenìa todo, todo en cuanto a calzado para chicos, hombres y mujeres, siguiendo por Rivadavia habìa un depòsito y venta tipo Almacèn por Mayor de Jerònimo Castagnola, despuès un negocio de ropa de apellido Najle, despuès la tienda de Elìas Girgi Trad, dando la vuelta por la que es hoy San Luis el frigorìfico Barone, despuès Neroba, el consultorio del Dr.Castro (tipico medico de barrio y familia), Casa Inès en la esquina, enfrente la farmacia de Casimiro Telmo, en la mitad de cuadra por Giribone el almacèn de Don Plàcido, en la esquina de Gorriti y Giribone una tienda de esas que tienen de todo para mujeres y atendida por mujeres, cruzando enfrente el carnicero Don Antonio terrible mujeriego, en la mitad de cuadra habìa un local de venta de Gallinas, Pollos, Chanchos, etc., en la esquina frente a la Iglesia el kiosko de Alfredito donde encontrabas de todo y yò le compraba figuritas llenando mi primer album y ganandome una pelota nùmero 5. Entre Rivero y Fraga por Dominguez tenìamos Don Manuel, el correo, el club Sol Argentino, un lugar que siempre considerè extraño y misterioso una santerìa que cuando entrabas y la recorrìas encontrabas de todo y te daba cosa estar ahì y bueno despuès en la otra cuadra la clàsica Farmacia de la esquina que todavìa està, Sastrerìa Bergaglio, un local que vendìan discos y habìa un lugar para escucharlos para ver si te gustaba la mùsica y despuès lo comprabas, creo que una optica y revelado de rollos de fotos. La comisarìa 2da. sobre Rivadavia al lado del club Progresista si habremos barrido y baldeado sus patios cuando nos agarraban los canas por jugar a la pelota en la plaza, que se yò hay un montòn màs que ya lo voy a ir recordando y comentar. Ah, me faltaba un clàsico de los domingos, la Zuni en rosetti y dominguez, sacando el numerito que estaba sobre la entrada arriba a la derecha y hacer la fila en la calle por rosetti y enterarte de todas las novedades hablando con la gente.

  2. SI VILLA CASTELLINO ES PARTE DE PIÑEYRO DEBO MARCAR UNA EQUIVOCACIÓN EN EL RELATO DE LA NOTA. EN VILLA CASTELLINO SÍ HABÍA CONVENTILLOS . SOBRE LA CALLE VENEZUELA, MÁS TARDE INGENIERO TORCUATO DI TELLA AL 1200, HABÍA UNOS CINCO CONVENTILLOS QUE SE INCENDIARON LA NOCHE DEL 16 DE SEPTIEMBRE DE 1966. HABÍA ALGÚN OTRO, BASTANTE POBLADO, SOBRE LA CALLE TUYÚ 1984…NO ERAN LOS ÚNICOS DEL BARRIO Y NO VEO MOTIVO PARA QUE SE SILENCE ESTA PARTE DE LA HISTORIA DE UNA VILLA CASTELLINO, CUYOS POBLADORES ALBERGARON DESTACADOS HOMBRES Y MUJERES DE LA CULTURA Y LAS CIENCIAS QUE DIERON LUSTRE A LA VILLA, YA QUE VIVERON Y SE EDUCARON EN ESE BARRIO ENTRAÑABLE, AUNQUE LUEGO PARTIERON DE SU LAR PATERNO…SI VILLA CASTELLINO NO ES PARTE DE PIÑEIRO RETIRO LA OBSERVACIÓN…

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