COOPERATIVA LAVALAN EN VILLA CASTELLINO

Por Luca Guillén

En la calle Conesa al 1700, a media cuadra de la calle Entre Ríos y a seis de la avenida Galicia. Se encuentra una zona minada de talleres de distintos tipos, y una característica de algunos de ellos es que fueron recuperadas por sus trabajadores. Tal es el caso de “Cooperativa de Trabajo Lavalan Ltda.” Fundada en 1938, desde el comienzo trabajó con el lavado y peinado de lana de origen ovino. Al igual que muchos argentinos vivió su peor época en el año 2001. Como recuerda el presidente de la cooperativa Juan Carlos Ponce: “acá en la zona en 2001 era un desierto, todas las fabricas chicas cerraban, por suerte hoy la cosa cambio y están laburando”.


El lavadero de lanas “El Triunfo” no fue ajeno a la situación. Los conflictos con la patronal empezaron a mediados de ese año. No se habían abonado los aguinaldos correspondientes ni las vacaciones y ni siquiera los sueldos. En tales circunstancias, los trabajadores accedieron al derecho de protesta y realizaron una huelga. La respuesta fue inmediata pero de forma negativa. A todo el conjunto del personal que trabajaba en la fábrica, 22 personas, le fue notificado vía telegrama que estaban despedidos. “Nos despidieron a todos pero nosotros nos seguíamos quedando a pelear por nuestro trabajo” cuenta Ponce.

La empresa (que heredaba generación tras generación una determinada familia) no se quería hacer cargo del problema. Y los obreros, con el apoyo de los vecinos, del Municipio de Avellaneda y organizaciones sociales, pudieron reingresar a la fábrica en el año 2002 después de 8 meses de conflicto, recuperando su fuente de trabajo. “Fue muy difícil al principio, porque fueron meses sin producir, sin llevar un mango a nuestras casas, y en esa situación para comer o viajar se complica mucho”, afirma.
La mayor dificultad, en muchos casos de empresas recuperadas por los trabajadores, tiene que ver con “los papeles” y la parte legal. Esto se debe a la lentitud con que se movilizan esos trámites, como la habilitación del ingreso y la expropiación; y en tales situaciones los trabajadores, a pesar de tener paciencia, no pueden comer papel.
Otro tema que merece un análisis profundo, es el rol que juegan los sindicatos en los momentos de conflicto. En Lavalán el sindicato (contradictoriamente) estuvo de acuerdo con la patronal y en contra de los trabajadores que querían formar una cooperativa de trabajo. Juan Carlos nos regala una definición ácida “A ellos les interesa más lo que les entra en los bolsillos propios, a que los obreros puedan trabajar”.
De los 22 trabajadores que pasaron a ser socios de la cooperativa cuando esta se formó, son 18 los que siguen en Lavalán. Los cuatro faltantes, fallecieron en el transcurso del tiempo, y tienen en el taller una foto enmarcada de cada uno de ellos para ser recordados por sus compañeros. Todas las decisiones se toman en asambleas en las que participan todos los socios.
El futuro que le espera a Lavalán es incierto ya que como cuentan la situación de la lana esta en baja, se vende poco y se consigue menos. La cooperativa estaba acostumbrada a comprar lana de la provincia de Buenos Aires y de Corrientes, pero últimamente de donde se consiga. Tal vez la escasez tenga o no, algo que ver con la moda campera de la soja.
Juan Carlos Ponce concluye la nota dejando un mensaje para los vecinos “Les vamos a estar siempre agradecidos, porque en el momento del conflicto nos apoyaron, para nosotros eso fue fundamental y decisivo”

Acerca de Hernán Bravo

Director y fundador del periódico La Voz de Piñeiro desde 2003. Técnico superior en Periodismo egresado de TEA en 1998.

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