PEÑAROL DE LA MOSCA, UN CLUB DE AMIGOS

Nota año 2005

Fundado en octubre de 1945, el Club Social y Deportivo Peñarol de La Mosca es esencialmente un club de amigos que cumplió 60 años. Desde entonces algunos de los socios fundadores continúan con las mismas costumbres, casi como un Centro de Jubilados.

Andrés Cabral tiene 80 años y se ha pasado toda la vida en el Club Social y Deportivo Peñarol de La Mosca, que en la actualidad preside. «Cuando lo fundamos el 12 de octubre de 1945 yo tenía 20 años», recuerda Cabral, quien reconoce no tener una buena memoria para las fechas. De todas maneras su vida pasó, en gran parte, dentro del club.
Como muchos clubes de la época, el factor convocante era la barra de amigos que jugaban al fútbol en la esquina del barrio. Esquina contra esquina y con pelota de goma sobre el empedrado. La Secretaría se instaló en el garage de uno de los socios en Santa Fe, entre Galicia y Entre Rios. Poco tiempo después los socios alquilan una pieza en el inquilinato que terminaría siendo su sede en Santiago del Estero 1873. Había otras tres piezas y una caballeriza. El inmueble pertenecía al Dr. Mack Spangenberg. Las piezas se fueron alquilando a una a una hasta que después se compro todo el edificio.
La febril actividad industrial de la zona fue clave para el desarrollo del club. Los miles y miles de trabajadores colaboraron tal vez sin saberlo con el desarrollo institucional de Peñarol de La Mosca.
«Para recaudar fondos organizamos una polla que se vendía entre los vecinos pero se extendió tanto que venían a comprar talonarios la obreros de las fábricas Tamet, Gurmendi, Papini, La Negra, entre otros. Así fuimos mejorando las instalaciones hasta lograr las que tenemos hoy», cuenta Cabral.
La polla consistía en talonarios con diez números que sorteaban en todas las loterías diarias en todos los premios. El primero en completar los diez números se llevaba el 70 por ciento del pozo acumulado, el otro 30 por ciento quedaba para los gastos y para el club.
Y la polla fue la que sostuvo al club hasta que por los años 70 apareció el prode y que una vez publicitado, a través del paraguayo Mercedes Negrete que lo ganó y abandonó a su mujer por otra y cambió su vida, ocupó las preferencias populares. Pero no fue el azar, sino la aparición de la coima policial lo que terminó con esta financiación.
«Nosotros ya habíamos hecho todo lo que necesitábamos para el club, así que empezamos a donar lo recaudado a diferentes instituciones como la escuela 28, los bomberos de Echenagucía y cuando íbamos por la tercer donación apareció la Policía a pedirnos un porcentaje. Lo aceptamos unos meses pero trabajábamos para ellos, así que dimos por cerrada esa etapa», cuenta Cabral.
Las peñas fueron también una parte importante de la vida del club. Llegaron a tocar los Hermanos Avalos y los Abrodos que eran del barrio. Las peñas se hacían por fechas, algunas en Amado Nervo otras en el Club Rioja y otras en Peñarol de La Mosca. Así el público iba rotando. Según cuentan, fueron las mujeres las protagonistas del trabajo en ellas.
La actividad social fue la que siempre se destacó en el club. «Despedidas de soltero, comidas cuando alguno entraba al servicio militar, reuniones varias. Cuando uno de nosotros se casaba, la costumbre era regalarle la batería de cocina. Yo aún la conservo», sostiene Cabral. Y el fútbol. Los campeonatos en los que participaban no eran oficiales y tampoco les iba muy bien. «Llegamos a jugar una final en la cancha de Racing que perdimos uno a cero», recuerda Vicente Brunetti, socio fundador y protagonista de esa final.
Durante un tiempo ya cansados de sostener el club, se dejó la administración del mismo a los jóvenes del barrio, pero lo fueron de a poco abandonando y se vino abajo. «Los vecinos nos pidieron que volviéramos porque el club se había convertido en algo que no les gustaba, así que volvimos. Nos costó mucho poner todos los impuestos y servicios al día porque los habían dejado de pagar», sostiene Cabral.
Hoy todavía hay costumbres que se mantienen a lo largo de toda una vida en el club, compartiendo un lugar y amistades que llevan décadas. Todos los mediodías entre las 11.30 horas y las 13.30 un grupo de socios que vienen de distintos lados, pues ya no viven en el barrio, se reúnen para compartir un vermú, y muchos recuerdos

Acerca de Hernán Bravo

Director y fundador del periódico La Voz de Piñeiro desde 2003. Técnico superior en Periodismo egresado de TEA en 1998.

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