FESTEJOS POPULARES: RECUERDOS DE LA FOGATA DE SAN JUAN EN PIÑEIRO

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Por Marcos Magneschi

Ya el frío había comenzado, te cortaba la cara, pero el sol de la tarde templaba un poco el asunto. Hacía poco que me dejaban usar la bicicleta para dar la vuelta manzana, hasta ahora solamente podía hacerlo de esquina a esquina, pero siempre por la vereda. Bicicletas de paseo, esas articuladas que se doblaban al medio. Aprendí a ponerle cintas de colores en los manubrios y las calaveras de plástico en la horquilla, que movían las mandíbulas y tenían los ojos rojos. Época de jugar a la pelota en la bocacalle. Ya teníamos las camisetas que habíamos hecho hacer para el equipo, parecidas a las de Independiente, jugábamos con el equipo de la otra cuadra, por la botella de vidrio de coca de un litro. Pero la verdadera fiesta era la preparación de la fogata de San Juan.

Guardo en mi rostro una cicatriz producida por una quemadura de la fogata. La guardo con orgullo como trofeo de guerra. Cada vez que la descubro frente al espejo recuerdo la fogata. Los preparativos anteriores, organizados al detalle se traducían en planear la poda de la cuadra para abastecernos de la materia prima esencial para la tarea; las ramas de los árboles. La organización consistía en que un grupo de dos o tres de nosotros, los más aptos para la conversación amable fueran los responsables de tocar el timbre a los vecinos, para, con actitud humilde y resuelta lograr que accedieran a podar sus árboles, mientras tanto otros eran los encargados de conseguir serruchos, hachas y escaleras para la labor.

Comenzábamos por una esquina y lográbamos el famoso efecto dominó, ya que cuando acometíamos el primer árbol, el vecino de al lado difícilmente se opondría a que no le cortáramos el suyo. Una vecina nos prestaba su jardín de adelante, que tenía una pared de frente, para el acopio de las ramas. El trabajo era arduo, puesto que la idea era mantener en secreto la cantidad de madera acumulada, porque era muy importante que la otra cuadra, nuestros rivales naturales en audacias, fútbol y otra cantidad de cuestiones, no supieran hasta el día del armado de la pira ígnea, la cantidad de madera a utilizar puesto que la competencia implícita radicaba en el hecho de concebir la fogata más grande del barrio y sus adyacencias. Las labores, febrilmente llevadas adelante implicaban varios puntos a tener en cuenta, todo resuelto en asambleas donde eran tomadas todas las apreciaciones; por supuesto la de los hermanos menores no. Ni tampoco la de los agoreros que elevando la vista a los cielos pronosticaban lluvias, por supuesto nosotros los más duchos confiábamos en los hados, sabiendo que en esa fecha no llovía, teníamos el santo de nuestro lado.

Otro factor fundamental era el acopio de divisas, estas provenían fundamentalmente de las propinas que los vecinos nos daban por la poda. El dinero depositado en los bolsillos del tesorero, personaje totalmente probo que contaba y recontaba para luego anotar en un papel las sumas que luego se traducirían en la compra de comestibles y bebibles que se utilizarían para después de las llamas, cuando el fuego se transformara en brasas, mediando parrillas, se cocieran al rescoldo chorizos, papas y batatas, menú trascendental y oportuno para la noche de San Juan. El tesorero proyectaba con la recaudación la cantidad de vituallas que podría comer cada integrante del movimiento fogatista. El que cooperaba con el trabajo tenía acceso a formar parte de toda la acción y fundamentalmente tenía una parte de la comida, los otros los espectadores, no solo no tenían acceso a los beneficios gastronómicos, sino que solamente podía ser eso, espectadores.

También era importante la logística con respecto a la ubicación del emplazamiento ígneo. Se realizaba en una bocacalle, fundamental, pero no en el centro, sino que desplazada, para no quemar el farol de mercurio, que iluminaba y su luz era importante para el desarrollo de la cuestión. Un año el calor del fuego fue tan intenso que derretimos la funda de goma de los cables de alta tensión y se rajó el vidrio de nuestro querido farol. El día indicado, sábado por la mañana comenzábamos a armar la pira, el muñeco a quemar lo construíamos de cualquier elemento que fuera quemable, siempre aparecía un traje viejo que rellenábamos con estopa, pasto, trapos, la cabeza era de medias o bolsas de arpillera, coronada con un sombrero. Los detalles de las facciones las resolvíamos con pintura. Generalmente era entronizado en una silla desvensijada que colocábamos elevada en el centro de la hoguera. Ese muñeco entronizado presidía toda la ceremonia. Era la figura mandante de la liturgia fogatil. Generalmente serio observaba todos nuestros movimientos y hasta parecía estar de acuerdo en nuestras acciones. Nos daba un poco de tristeza saber que su reinado sería muy breve, hasta que las lenguas de fuego lo abrasaran y se transformara en ceniza. Los espías de toda laya contribuían con sus informes  respecto al avance de la construcción de la fogata enemiga, entonces nos apurábamos para hacerla un poco más grande o más alta, aunque generalmente tanto al fútbol, como a las fogatas siempre salíamos victoriosos. Entonces llegaba el momento de encender el fuego. Con antorchas preparadas con trapo y alcohol, como paganos en medio de un bosque y sonidos guturales girábamos en derredor y encendíamos nuestra fogata para ver ascender las lenguas de fuego que asustaban al principio por la altura y luego a medida que se quemaba el entorno estas llegaban al muñeco que parecía despedirse o querer decirnos algo, pero ya se quemaba, ya caía dentro del centro del fuego, ya no lo veíamos, y así luego el resto, la fiesta en la calle, mover las brasas, hacerlas volar para ver las centellas perfiladas en el cielo nocturno, como estrellas nuevas, una de ellas me besó en la mejilla, para que la recordara para siempre, para siempre la fogata de San Juan.  

Soy del ’62, cuando el recuerdo de la fogata llega a mi memoria, descubro que mi participación junto a otros de mi edad comenzó en el ’72. En la cuadra habían nacido una cantidad de pibes varones, mas o menos por la misma época, con poca diferencia de edad crecimos e hicimos las mismas cosas. Lo que en mi memoria quedó fueron esos recuerdos. Muchas fueron las historias que escuché de personas que cuando jóvenes también realizaban la fogata. Creo que las últimas fogatas de la cuadra fueron las que hicimos nosotros por esos años, ’74, ’75, luego, el golpe de estado del ’76, y entonces ya no, ya la época de vivir como chicos la calle, nos fue vedada, las fogatas de invierno, las noches interminables del verano, los vecinos en las veredas tomando mate, los carnavales y los días feriados, donde se sacaban a la vereda las mesas para compartir la comida, nos quitó/quitaron todo eso y mas. Será entonces oportuno, mas temprano que tarde rescatar la memoria y volver a la vida todo lo que el autoritarismo nos sacó, todo lo popular que se pueda, rescatando esos recuerdos de vida, de la vida ante la muerte.

Acerca de Hernán Bravo

Director y fundador del periódico La Voz de Piñeiro desde 2003. Técnico superior en Periodismo egresado de TEA en 1998.

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4 comentarios en «FESTEJOS POPULARES: RECUERDOS DE LA FOGATA DE SAN JUAN EN PIÑEIRO»

  1. Excelente relato yo también lo recuerdo porque viví en el barrio de piñeiro, a una cuadra de la placita de rivadavia, teníamos nuestra propia vida y la quema de nuestro muñeco para festejar el día de San Juan

  2. Un gran recuerdo, tal cual los detalles, nacì en Piñeiro, vivìa en Rivadavia 299 ò San Luis 471, hoy es una calle y en esos tiempos de mi infancia era una plazoleta justo frente a la plaza Marcelino Ugarte. La gran fogata la armàbamos sobre la calle San Luis donde estaba el club Paranà (hoy creo que es un centro de jubilados) era un clàsico al final saborear las batatas que cocinàbamos con las brasas. Juan Carlos no seràs mi gran amigo de la infancia Carlitos Serantes.

  3. Excelente recuerdo,trabajábamos como locos,lo hice del 57 al 63,la hacíamos en Perú y Mejico,en la esquina supo haber un terreno baldío donde funcionaba una calesita ,cuando no estuvo acululabamos lo íbamos a quemar ,limpiabamos los depósitos de los negocios ,en la feria d los sábados juntábamos todo el papel,cartón y cajones.Tres días antes hacíamos guardia para q no roben lo acumulado,recibíamos muchas donaciones y al final todos los vecinos donaban algo y comíamos todos juntos ,son momentos inolvidables !!!

  4. HICIMOS UNA GRAN FOGATA ENLA CALLE MARIANO ACOSTA Y HELGUERA SERIA EL AÑO 62 O 63.EN ESA ESQUINA ACOPIABAMOS EL RAMERIO Y HACIAMOS UNA ESPECIE DE CUEVA CON LAS MISMAS.HABIA QUE HACER GUARDIA PORQUE LOS PIBES DE LA OTRA CUADRA VENIAN A CHOREARLAS,HABIA QUE DFENDER LAS RAMAS A PIEDRAZO LIMPIO.
    UN GRATO RECUERDO

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