LA SEMANA TRÁGICA EN AVELLANEDA

Por Hernán Bravo Foto: Militares en el Kilo 5 del ferrocarril de Avellaneda

 El   origen   de   la Semana Trágica.

La compañía metalúrgica Pedro Vasena e Hijos Limitada había sido adquirida por capitales ingleses y era gerenciada por sus fundadores (1). Como en casi toda la Argentina de entonces, los dueños de los medios de producción destinaban muy poco dinero a la fuerza de trabajo. Esta empresa, se excedía en la explotación obrera. Para 1918, los salarios en la planta metalúrgica habían decaído un 150 por ciento con respecto a 1914 (2). La situación derivó en que los 2500 trabajadores de la empresa iniciaran una huelga el 2 de diciembre en reclamo de la reducción de la jomada laboral, aumento salarial y descanso dominical. La respuesta de la empresa fue ignorar los pedidos, despedir delegados y contratar rompehuelgas, llama­dos crumiros, que eran protegidos por la policía. La tensión fue In crescendo a medida que pasaban los días y a los reclamos iniciales se sumó además la reincorporación de los despedidos. La planta industrial de Vasena estaba ubicada en Cochabamba y La Rioja y los depósitos en Pepirí y Santo Domingo, en la Capital Federal, por lo que asiduamente rompehuelgas y policías se enfrentaban a los piquetes obreros cuando debían ir a buscar materias primas para continuar la producción. Los conflictos incluían también disparos de armas de fuego. En una de las escaramuzas, el 5 de enero murió el cabo policial, Vicente Chávez. En su funeral, el jefe de Policía exhortaba a la población:

«La situación por la que se atraviesa no debe alarmar al elemento sano: las fuerzas de esta capital son suficientes para restablecer la norma­lidad. Es necesario, solo, la cooperación de los ciuda­danos; por ineludible deber patriótico, a la acción de aquella, no interrumpiendo su actividad ordinaria, denun­ciando a los malos elementos, para que sufran la justa sanción que su inicua conducta los hace acre­edores. ¡Argentina: no desmintáis la tradición de nuestros padres!» (La Prensa, 6/1/1919).

A las 16 horas del 7 de enero, se desencadenaría lo que se denominó la semana trágica. Seis camionetas conducidas por rompehuelgas que se dirigían los depósitos de Vasena fueron increpados como era habitual por un piquete de huelguistas, integrado por los obreros y sus familias, para que depongan su actitud. Ante la negativa, los obreros intentaron frenar a los crumiros con piedras y palos. En ese momento de tensión se inició la represión que dejó un saldo de cuatro trabajadores muertos y alrededor de treinta heridos. Las víctimas fatales fueron Juan Fiorini, de 18 años, se desempeñaba como jornalero de Bozalla Hnos. murió de una herida de bala mientras tomaba mate en su domicilio; Toribio Barrios, español de 42 años, trabajaba de recolector de basura, muerto en la avenida Alcorta 3189 por varios sablazos en la cabeza; Santiago Gómez Metrillos, argentino de 32 años, también recolector de basura, falleció en una fonda ubicada en avenida Alcorta 3521; y Miguel Britos, jornalero quien murió por una herida de bala. (3). Dos mil balazos, disparados por 110 policías.

La intransigencia del titular de la empresa Pedro Vasena, la precaria situación laboral de la gran mayoría de los traba­jadores y la feroz represión, generaron la dura reacción de la Sociedad de Resistencia Metalúrgica que agrupaba a los trabajadores de ese gremio y declaró la huelga general para el día siguiente, esta se sumaba a la de los obreros marítimos que ya venían en huelga y que se solidarizaron con sus compa­ñeros metalúrgicos. Las reuniones de los trabajadores organizados se multiplicaban y el clima era cada vez más espeso. La huelga que no había ocupado ni una página en los diarios, empezaba a transfor­marse en el centro de la atención.

Durante el 8 de enero se realizaron los velorios de los trabajadores asesinados en los locales del Partido Socialista y de La Sociedad de Resistencia. Las dos centrales obreras que nucleaban a la gran mayoría de los gremios estaban enfren­tadas por sus orientaciones ideológicas. La Federación Obrera Regional Argentina (FORA) Va Congreso de orientación anarquista dispone para el día 9 la Huelga General Revolucionaria, mientras que la FORA del IXQ Congreso, de orientación sindicalista y socialista decreta la huelga general para el mismo día. Ese día coincidía con el entierro de los trabajadores asesinados durante la jomada del 7.

«Los piquetes que recorrieron las calles en la mañana del 9 terminaron por imponerla (la huelga) a toda la ciudad. «Los comercios y las fábricas cerraron sus puertas, el tráfico fue suspendido totalmente, y en medio de la curiosidad y la sorpresa del vecindario recorrieron las calles, enarbolando banderas rojas y negras, las comisiones de huelguistas» (La Prensa, 10/1/1919).

Durante el cortejo fúnebre de los muertos dos días antes, del que participaron unos 200 mil trabajadores , El diario La Nación registró varios incidentes: Los manifestantes prendieron fuego a automóviles, tomaron una estación de tranvía, saquearon un orfanato de la Iglesia, y un pequeño grupo robaba armas de las armerías que encontraban a su paso. A las 17 horas el cortejo llegó al cementerio de la Chacarita donde la policía esperaba atrincherada para iniciar una masacre que dejaría 39 muertos -12 según la prensa oficial- y cientos de heridos.

A partir de estos acontecimientos, los hechos se multiplican a lo largo del país, pero con epicentro en Capital Federal y alrededores. Piquetes, quema de tranvías, asaltos a armerías, enfrentamiento a balazos con el aparato represivo. El 9 de enero por la tarde, el general Luis Dellepiane se hace cargo de la represión y acuartela a todas las fuerzas. Reúne a 30 mil uniformados entre, policías, bomberos, soldados del ejército y marinos (4). Se propone restablecer el orden en 48 horas.

Los enfrentamientos se sostuvieron los días posteriores, pero fue el 10 de enero el día de más acciones de los huelguistas a pesar de las diferencias entre los Federaciones Obreras, los trabajadores mantuvieron un criterio de solidaridad y lucha. La ciudad amaneció completamente paralizada. La precaria situación laboral y la contundencia de la huelga general hicieron que varios gremios presentaran sus propios pliegos de condiciones, que en general pedían reducción de la jomada laboral, aumento salarial y el pago de horas extras en los días domingo. La huelga se extendía al interior del país.

La respuesta del estado no se hizo esperar. Los 30 mil efectivos bajo las órdenes de Dellepiane fueron distribuidos por la Capital Federal y alrededores para reprimir las acciones huelguistas. Por otro lado, el gobierno se reunió con Pedro Vasena, quien fue acompañado por el embajador inglés, para conminarlo a que aceptará el reclamo de sus trabajadores. El intransigente Vasena por fin aceptó. La mañana del 11 se conoció la noticia, pero el conflicto siguió. Sólo los obreros de los frigoríficos volvieron a sus tareas. Hubo varios enfrentamientos entre huelguistas y policías. Aparecen también los Defensores del Orden, un grupo paramilitar compuesto por los jóvenes de las familias acomodadas, que serán el antecedente inmediato de la Liga Patriótica, de Manuel Caries, y el histórico de la Triple A, de José López Rega.

El 11 comienza la detención de los dirigentes sindicales por parte de los uniformados. Y la caza de judíos rusos por parte de los Defensores del Orden, lo que motivo el enfrentamiento de los paramilitares con varios comisarios. Los enfrentamientos entre las fuerzas represivas y huelguistas disminuyeron.

«Los obreros no retomaron simultáneamente al trabajo, si no que permanecieron hasta el día 13 en actitud huelguística…Poco a poco la situación se fue normalizando en la Capital y en el interior. El día 13 la mayoría de los obreros trabajaban. Las noticias de que la huelga había finalizado en la Capital, influyeron decididamente en el interior, donde el día mencionado comenzaron a levantarse los últimos focos huelguísticos» (5).

Los acontecimientos en Avellaneda

La situación de Avellaneda

«Hace varios días se han declarado en huelga en la Capital Federal, los obreros de una gran fábrica de artículos metalúrgicos. Al principio, parecía que los hechos se desenvolvían dentro de la mayor tranquilidad, pero en las últimas 48 horas han sucedido diversos acontecimiento sangrientos. ¿Estamos en vísperas de grandes con­flictos?», se preguntaba en su edición del 8 de enero desde una de sus columnas el diario de la Unión Cívica Radical La Libertad, de Avellaneda, como presagiando lo que se vendría. En sintonía con el gobierno nacional del radical Hipólito Yrigoyen, el jefe de la Unión Cívica Radical de Avellaneda era intendente de la Ciudad. Manuel Beguiristain había asumido la intendencia al ganar las elecciones por escaso margen al conservadurismo de Alberto Barceló.

Para 1919, Avellaneda tenía cerca de 160 mil habitantes, con un 45 por ciento de extranjeros llegados al país con la ola inmigratoria (6). Estos inmigrantes en su gran mayoría proletarios irán a trabajar a algunos de las 933 industrias y 2610 comercios que se alzaban en Avellaneda para entonces. Avellaneda era considerada la tercera ciudad del país solo detrás de la Capital Federal y Rosario. Por lo que si bien los hechos producidos en la semana trágica tuvieron su epicentro en la Capital Federal, Avellaneda también fue escenario de los  acontecimientos.

«Entre 1901 y 1920, los obreros realizaron numerosas huelgas para el logro de salarios adecuados y jornadas de trabajo no excesivas. Los peones del Mercado Central de Frutos, de las barracas y depósitos, del  puerto y de los establecimientos textiles, hicieron movimientos de fuerza que duraron hasta diez semanas por razones de orden económico, de higiene y seguridad en el trabajo. Las luchas obreras por las conquistas sociales se agudizaron y el sindicalismo anarquizante de los primeros años se organizó tendiendo a un más razonado ejercicio de sus derechos, especialmente luego de las jornadas de la semana trágica de 1919. Avellaneda, como centro de un alto potencial industrial sintió los efectos de esa fuerza; la ciudad fabril se convirtió al par en ciudad proletaria. (7)

Durante los años previos a la semana trágica, en Avellaneda ya la situación también era convulsionada. Las huelgas de trabajadores y la represión eran algo habitual, sobre todo en la localidad de Piñeiro. En el libro Los Villaflor de Avellaneda, de Enrique Arrosagary, el obrero Aníbal Villaflor, que en 1947 sería nombrado por Juan Domingo Perón como Comisionado de la ciudad, sostenía:

¿Sabe cómo le decían en aquellos tiempos a esa zona de Rosetti al fondo, allá para el Riachuelo?…La Rusia chica… Imagínese nomás…que los milicos… que los huelguistas.. .y porqué no, por el hambre que había. Creo que fue por el ’16 (seguramente se refiere a fines del ’17) que hubo una gran huelga de los obreros de la carne. Bueno…si hubiera visto la cosaca repartiendo golpes y tiros. A veces tiraba al aire, para intimidar, pero al esposo de la carbonera de RivadaviayCharlone, que salía a trabajar, lo agarró una de esas balas perdidas y lo mató…No respetaban a nadie. Si hubiera visto como coman a tas mujeres de la las fábricas de fósforos…Nosotros de chicos nos bañábamos allí en el Riachuelo. Enfrente, un poco hacia el oeste, estaba lo de Vasena. Si habremos escuchado tiros…si habrán matado gente. Como mataron en la comisaría que estaba enfrente de la plaza de Avellaneda…obreros de Vasena».

Los hechos locales

Y fue Piñeiro, tal vez por ser la zona más industrializada en la Avellaneda de entonces, donde hubo más agitación de los trabajadores en huelga. Aunque la mayoría d.e los gremios se plegaron a la medida de fuerza en toda la ciudad. La actitud de las diferentes empresas también mostró variadas estrategias frente a los acontecimientos.

A través de un comunicado aparecido en los diarios locales La Libertad y La Opinión (conservador) del 10 de enero, la empresa FERRUN convoca a obreros y obreras suspendidas por la misma durante el mes de diciembre debido «a la crisis comercial» a los escritorios de la empresa para cobrar una ayuda económica. El 9 de enero, en el Molino Río de la Plata, 200 trabajadores se suman a la huelga en apoyo a los trabajadores de Vasena. En la Compañía General de Fósforos, la gerencia decidió cerrar la planta para no exponer a su personal, sin embargo los trabajadores  reunidos resolvieron no concurrir al trabajo si prosigue el conflicto. Por su parte, el directorio del Mercado Central de Frutos dispone el cierre del mismo ante la situación.

Durante el 9 de enero La Libertad registra algunos incidentes. En Piñeiro, manifestantes intentaron frenar el servicio de un tranvía revólveres en mano hasta que la policía intervino. Los huelguistas incendian el auto del comisario de órdenes Miguel Denovi. Varios carros del Frigorífico La Negra que se dirigían a la Capital Federal fueron detenidos por piquetes de huelguistas sin que se registraran incidentes. Sin embargo, el diario La Opinión dice en su edición del 10 de enero:

«En lo que concierne a Avellaneda no se ha notado nada anormal, a excepción del paro de los tranvías. Se anuncia que para hoy van a resolver su situación el personal de los frigoríficos y de la casa Soulas».

El día 10 de enero a las 10.30 horas, Avellaneda también sería escenario de los hechos más violentos. Uno que trascendió los límites de la ciudad y fue publicado por el diario La Nación fue el intento de toma de la Iglesia Nuestra Señora del Rosario, en Giribone al 900, por parte de un grupo de huelguistas. Hubo intercambio de disparos, tanto desde dentro como fuera de la iglesia. Según manifiestan los diarios de la época, los manifestantes enarbolaban banderas rojas y «fueron dispersados por gendarmes que pasaban por el lugar». Sin embargo, en la zona había apostados varios piquetes de uniformados para prevenir este tipo de incidentes. Según, el diario local La Opinión el 12 del enero se repitió otro tiroteo frente a la misma iglesia en el que fue detenido Frodo Ombrado, mientras que el resto de los atacantes lograron huir.

A las 6 de la tarde, en la esquina de Uruguay y Rivadavia los manifestantes levantaron las barreras y con adoquines y alambres cortaron las vías del Ferrocarril del Sud. La intervención policial dispersó a los huelguistas y restableció la circulación. En Villa Porvenir, grupos de huelguistas circularon deteniendo vehículos y apedrearon comercios. Piquetes de guardias de cárceles y agentes del escuadrón recorren las calles.

Este día comenzaron   a escasear los alimentos. La   Opinión   describe  los acontecimientos en esta zona de Avellaneda:

«En Piñeiro es el lugar de Avellaneda donde los sucesos de Buenos Aires hallaron mayor eco. En la subcomisaría, la disconformidad de los agentes es significativa por el hambre, el recargo de servicios y el hecho de no haber cobrado los sueldos de diciembre. Hubo el 10 una manifestación y el 11 de enero varios tumultos. Ha sido reforzada la seguridad pero la situación es muy delicada. Escasean los artículos de primera necesidad, han sido quemados varios vehículos atacada la iglesia y saqueada una panadería».

El Dock Sud fue también una zona de importantes conflictos durante la jomada del 10. Un grupo de 20 huelguistas interceptó a una cuadrilla de peones municipales que llevaban una carretilla con cenizas y las volcaron en las vías del tranvía, cortando el paso de un tranvía que sufrió varios desperfectos. Un vagón de de los FCSUD sufrió un principio de incendio. El puerto estuvo completamente paralizado. La usina de la Compañía Alemana Transatlántica de Electricidad no funcionó -según La Libertad-porque los obreros vivían en la Capital Federal y no pudieron asistir debido a la falta de transporte. Por la mañana ya había 30 marineros de la armada y a la tarde se sumaron otros 100, para custodiar la playa de la compañía donde había grandes cantidades de leña. Por la noche, los huelguistas enfrentaron a tiros a los marineros allí apostados. Son detenidos en enfrentamiento Lisandro Pulastrello, José Altan Nazareno Pulastrello, San Antonelli y Jorge Púnase los dos primeros con he leves. A las 9.30 un tranvía esta empresa es asaltado unos 20 huelguistas en la Pintos y las vías del Ferrocarril del Sud. La máquina sufrió varios daños y su motorman fue herido en una oreja. Cerca del Arroyo Maciel, otro grupo huelguistas realiza un sabotaje similar por lo que administración de la compañía; tranviaria suspende el servicio En Manuel Estévez y Quiroga un grupo de huelguistas intercepta a varias personas: se dirigen al trabajo intercambiando tiros de ambos bandos.

Continúa el conflicto

«En Avellaneda persiste el paro en las industrias metalúrgicas, alimentacion (excepto frigoríficos), madera, textiles, además del paro en los talleres ferroviarios En esta localidad, durante el 10, se habían producido choques entre huelguistas y policías». (8)

En el Hospital Fiorito, establecimientos industriales y casas de familia donde se utilizaba el gas para calefacción se sintió la falta dicho servicio. En la oficina de la compañía se informó se suspendió el servicio exigencia de grupos huelguistas que así lo impusieron.

El diario La Opinión no aparece el día 11 por la falta del servicio de gas, necesario pan sistema de impresión. La falta de noticias fue un factor importante durante los sucesos de la semana trágica, tanto por la dificultad para adquirir diarios en la capital debido a la huelga como por las disposiciones del gobierno. «Aunque estamos a un paso de la metrópoli faltan aquí noticias precisas sobre los acontecimientos, se debe ello en primer término a la dificultad con que se tropieza para adquirir los diarios en la capital». (La Opinión 14). Por decisión del directorio del correo dispusieron la no aceptación de telegramas que contengan información sobre los acontecimientos. «Sí bien en tos días anteriores no se notaron entre nosotros mayores anomalías que las derivadas de la falta de servicios tranviarios, las cosas ido modificándose paulatinamente y la repercusión de los sucesos metropolitano comienza a hacerse sentir en la policía. Poco tiene que hacer por el momento la policía de esta ciudad. El comisario y un séquito de empleados superiores a los que sin dormir tranquilos se los deja recorren la población en automóvil alardeando                   altas preocupaciones de orden público que nadie conoce. Además, se hallan en Avellaneda tropas de línea y del escuadrón de seguridad, las que no han venido a reparar ninguno de los inconvenientes», sostiene La Opinión sobre los acontecimientos del día 11.

Según La Opinión, en las calles centrales no se han producido tiroteos ni actos que pudieran alarmar a la población, sin embargo los comercios han bajado las cortinas metálicas de sus puertas. Un grupo de activistas de la Sociedad de Resistencia de Oficiales Peluqueros de Avellaneda recorrió las casas comerciales del rubro solicitando que se cerraran las mismas en adhesión al paro. Todas las peluquerías cerraron, aunque algunas de ellas trabajaron en el interior. Además, presentaron un pliego de condiciones en los que piden entre otras cosas aumento salarial, reducción de la jornada laboral y compensaciones por el trabajo del día sábado. Durante este día comenzaron a escasear el pan y la leche. «Las panaderías hicieron lo posible por complacer a los clientes, más el producto fue escaso. En cuanto a la leche, ha alarmado a las familias especialmente allí donde hay criaturas. Muchas personas han hecho provisión de arroz, harina y otros artículos alimenticios en previsión de lo que pueda acontecer». (La Opinión).

En Piñeiro, los hechos siguen siendo los más violentos. A las 2 y media de la tarde del 11, un grupo de huelguistas ataca a piedrazos y disparos a un tren que transportaba a gendarmes en Rivadavia y las vías del Ferrocarril. Como consecuencia del intercambio de balazos muere Vicente Maggi, mientras dormía en su casa de Chubut 1553. a dos cuadras de los enfrentamientos. El huelguista José Domínguez resultó herido. En la caso de Maggi, el diario La Opinión lo identifica como manifestante, al contrario de La Libertad que dice que murió en su casa mientras dormía. Al llegar al lugar de los hechos, el comisario de Avellaneda, Manuel Sánchez Vera es recibido a balazos. Fueron incendiadas las garitas del Ferrocarril ubicadas en Rivadavia y las vías, y de Rivadavia y Uruguay, participando los bomberos para apagar el fuego. Los huelguistas realizan un piquete en Rivadavia y las vías cortando el transito con adoquines y alambres cruzados de vereda a vereda desde donde se enfrentan a balazos con el teniente de gendarmería Ramón Andrés y quince de sus hombres. Una vez dispersos huyen hacia la casa de Colombo Capurro de Galicia 753, hasta donde son perseguidos y detenidos José Graselli, Romualdo Indicelli, Manuel Manitevi, Humberto y Alejandro Castellani, secuestrándose dos armas de fuego y volantes del Comité Juventud Social de Piñeiro. La ambulancia de la Sala de Primeros Pablo Spíndola, de Villa Porvenir, fue apedreada por huelguistas para evitar el traslado de un herido y la policía evitó que fuera incendiada. En la misma zona, Salvador Collazo es detenido por un oficial de la subcomisaría local por disparar a una manifestación improvisada. En la jomada del 12 de enero, los trabajadores del Anglo inician una huelga solicitando 8 horas de trabajo y un aumento de sueldo del 20 por ciento. En el puerto continúa el paro y no hay actividad en los astilleros de la Isla Maciel. Por su parte, el comandante de las fuerzas que custodian la usina de la CATE fija un edicto por el cual ordena el cierre de la actividad comercial, clausura el local de la Sociedad de Resistencia de los Obreros del Puerto y prohíbe el tránsito nocturno de las calles Facundo Quiroga y Luis Huergo. Durante el domingo y el lunes hubo tranquilidad en las calles que fueron patrulladas por agentes de seguridad.

Represión y detenciones

En las tuercas de segundad, la situación de sus integrantes no era mucho mejor que la de te trabajadores en huelga Se asegura que reina el descontento entre tos agentes de policía que no habían cobrado sus haberes del mes de diciembre, además de estar en constante actividad sin dormir y sin comer. El escuadrón de seguridad proveniente de La Plata y apostado desde el 10 de enero en Avellaneda. Según la Opinión, «el piquete de hombres no tiene nada que hacer y a quienes se tiene recargados de servicios para descansar, pasando las horas de la noche y del día galopando por las calles de la ciudad sin necesidad y al solo efecto de hacer ostentación o de provocar conflictos que no existen. Además, los caballos que montan están deshechos por el recargo y por el hambre ya que no se los alimenta con el forraje necesario, por lo que hay tres ya moribundos, y los agentes se ven obligados a pedir maíz para los animales. Reina el descontento en la tropa por la falta de descanso».

Se restablece el 13 de enero parcialmente el servicio tranviario. Los trabajadores del los tranvías de El Anglo Argentina presentaron un pliego de condiciones en el que solicitan mejoras de las condiciones laborales. Los incidentes mermaron, pero se registraron algunos incidentes y detenciones. En la playa de maniobras de la CATE fueron incendiados 5 vagones del tren del Ferrocarril del Sud, no hubo detenidos pero se consideró que fue un atentado. Fueron detenidos por incitar al cierre de negocios José Caruso, Francisco Albo, Francisco Corigliano, Jesús González, Juan Galván, José Fernández, Emeterio Ojeda, José López, Victorio González, Carlos Espiñeira, Andrés Pintos, Doroteo Herrero, Félix Romero, Antonio Casabianchi, Ceferino Ros y Gregorio Sánchez que son trasladados a Sarandí. La mañana del 13 de enero, un grupo de huelguistas detiene a José Gosente en la esquina de Campana  y Uriburu. Gósente manejaba una jardinera propiedad de Femando Moroni y se encontraba haciendo el reparto de pan.  Los huelguistas dieron vuelta el vehículo en una zanja. Los autores fueron detenidos por la policía y trasladados a Sarandí. En Mitre al 4500 también es detenido un grupo de personas por incitar a la  huelga y son trasladados a Sarandí. Continúa la falta de gas.

La ofensiva obrera agoniza y las fuerzas de seguridad mantienen el control de la ciudad.

«Ayer ha reinado una jornada tranquila. Sin enfrentamientos sangrientos ni tiroteos ni exagerados galopes del escuadrón de seguridad. La Policía ha trabajado con exceso de celo. Se han producido numerosas detenciones hasta se han desalojado cafés cuyos parroquianos fueron desembarazados de las armas que •notan encima. La medida prudencial de la policía en lo que se refiere a la abstención de hacer derroche de fuerza por las calles de la ciudad merece ser comentada satisfactoriamente, No hay nada que moleste más al pueblo tranquilo que este desfile de centauros armados hasta los dientes haciendo sonar los cascos sobre el pavimento como si pasaran por nuestras calles legiones del demonio» (La Opinión 15 de enero)

Durante el 14, los tranvías de la Anglo Argentina funcionaron con relativa normalidad durante el día y fue suspendido a la noche. Fueron detenidos en la comisaría local acusados de agredir al repartidor de pan, José Lorendey. Manuel Rodríguez, José Canepio. Juan Penna y Vicente Díaz. Detenidos en Wilde por haber realizado un disparo contra el escribiente Juan Marín, Antonio López, Pedro Etienne y Manuel Ares. Se continuaba sin servicio de gas.

¿Los defensores del orden?

En la madrugada del 14 de enero se produjeren algunos incidentes que pueden ser atribuidos a los parapoliciales que operaron durante los hechos, por lo menos en la Capital Federal Un grupo de individuos asaltó y produjo un incendio en la sede de la Sociedad Israelita de Socorros Mutuos, de Arenales 313. Estaban en el lugar el ordenanza y su familia y un joven pensionista, todos fueron detenidos por la policía. En la caite 9 de julio se intentó prender fuego a una casa en la que vivían familias rusas. El día 15 fue clausurada el local de la escuela de la Sociedad Israelita de Socorros Mutuos de la calle Brandsen, donde funcionaba la escuela de esta comunidad. Esta Sociedad nuclea a 80 socios. El diario La Libertad no destina ni una sola línea a estos hechos.

“Queremos dejar constancia de nuestra más formal protesta, máxime cuando todos los asociados de la misma son ajenos y enormemente contrarios a todo movimiento subversivo así como, en su mayoría, ajenos a toda política». B. Burdman Presidente. La Opinión (16/01)

Los últimos gremios en huelga comienzan a volver a sus trabajos durante la jomada del 15. Los obreros curtidores, después de un paro de varios días, decidieron volver a la actividad laboral. Lo mismo sucedió con los empleados de los talleres del Riachuelo. “El trabajo ha vuelto reanudarse, la confianza vuelve al pueblo y la normalidad completa se acentúa para satisfacción de todos. En el orden local, no ha habido ayer ningún detalle que pudiera alterar el régimen de vida tranquila que es una característica de Avellaneda y si no fuera por tos agentes de policía que pasan las de Caín con el arma al hombro creeríamos     que el movimiento maximalista no alcanzó a nuestra ciudad»(La Opinión)

La Unión Normalista de Avellaneda decide enviar una nota al Coronel Dellapianne y al Comisario Manuel Sánchez Vera de felicitación por la actuación durante la represión. Firman sendas notas Juan Carlos Copello y Nicolás Chiozza. En la que dirigen al comisario local dicen: «nos solidarizamos con todas las medidas adoptadas por usted».

En su respuesta, Sánchez Vera da su visión de los hechos calificándolos como «actos sediciosos realizados por una banda de individuos de dudosa nacionalidad». El 30 de enero, el Directorio de los talleres Vasena también felicita al comisario.

Casi desconociendo los hechos publicados en sus páginas, La Libertad felicita al comisario y ensaya una teoría negadora, discriminatoria y plagada de contradicciones: «Por eso Avellaneda, no ha sido escenario de incidentes sangrientos, el proletariado consciente se ha quedado en su casa…No ha muerto ningún pobre obrero padre de familia, sino los que pertenecen a la secta de revoltosos inconscientes».

Voces disidentes

La Revista Comercial, órgano mensual de prensa del Centro de Comerciantes y Propietarios de Piñeiro tuvo otra visión de los hechos desatados: «Vasena arrojó al suelo la punta encendida de un cigarro: la explosión se produjo porque el pavimento estaba cubierto de pólvora. La prueba de que no se trata simplemente de un movimiento huelguista es que solucionada la huelga de los metalúrgicos, la huelga general de solidaridad continúa, todavía, y continúa a lo menos de hecho, porque la enfermedad que aqueja al pueblo argentino, tiene su origen y sostén en un mal económico y profundo: el encarecimiento de la vida.. .El desde ya tristemente célebre Vasena, si antes hubiera suscripto al muy justo pliego de condiciones presentado por los obreros metalúrgicos. ¡Cuántas! ¡Cuántas desgracias se hubieran evitado! Y si el gobierno, como medida de orden público hubiera hecho clausurar la funesta fábrica hasta tanto que los ánimos de los obreros se hubiesen tranquilizado y los patrones hubieran reflexionado ¿No se habrían evitado, también, acaso.. .tres mil víctimas?»

En su edición del mes de febrero y ante el incumplimiento de la empresa Vasena ante los compromisos firmados, la misma Revista Comercial sostiene:

«Los dirigentes de la casa Vasena no están arrepentidos de haber provocado con su intolerancia para con los obreros que han amasado su inmensa fortuna, una convulsión funesta para la ciudad y el país entero. Lejos de ello, llevan esta intolerancia a tal extremo que no es difícil vuelva a ser causa de nuevos y deplorables sucesos. Los Vasena, tales como los negreros o los señores y capataces de obrajes e ingenios dominaban las pretensiones de los oprimidos a bala y garrotazo limpio. Como se ve en los últimos sucesos, lo que ocurrió fue que como se trataba en un principio de los Vasena, las autoridades tomaron el ejemplo particular de la casa y se hicieron extensivos a la ciudad los garrotazos y las balas. La casa Vasena no cumple con exactitud el pacto firmado y se hacen argucias leguleyos alrededor de su contenido».

Sin duda, la cobertura de los hechos por parte de La Libertad y de La Opinión no abarca la totalidad de los acontecimientos en la ciudad. Tanto por su imparcialidad política, como por la incapacidad de mantener cronistas en los lugares de los hechos. Sin embargo, son un testimonio de los hechos. Algunos otros fueron contados y otros se fueron en la memoria de los testigos y protagonistas de la época.

Entre los relatos publicados se encuentra este fragmento del libro Los Villaflor de Avellaneda, de Enrique Arrosagaray: «Una vieja abuela de esta ciudad, ya fallecida y llamada Adela Piñeiro, solía contar a quien quisiese escuchar que en el ’19, cuando lo de Vasena, de la Comisaría -en frente de la plaza central- salían gritos desgarradores  que perturbaban el habitual paseo de las mujeres del lugar. Entonces, contaba aquella abuela, varias de ellas les dijeron a sus respectivos esposos que fuesen a hablar con el comisario para que atenúen las torturas a aquellos detenidos, porque las impresionaban».

Las metalúrgicas

Hacia 1880 se instalan los talleres metalúrgicos de José Otonello al borde del Riachuelo, donde en la actualidad está ubicado el supemercado mayorista Makro. Antonio Rezzonico funda sus talleres metalúrgicos en 1882. Estos talleres se dedicaban a la fabricación de tomillos, vigas y repuestos para los ferrocarriles. La empresa Resta y Chiramonte también data de aquellos tiempos y estaba ubicada sobre la calle Bosch, también sobre esta calle estaban ubicadas la fábrica de cajas fuertes La invulnerable y la de clavos y alambres La Perseverancia, En 1904 se instala la metalúrgica de Bary y la dedicada a artículos rurales de Spínola y Noccetti.

Para 1902 Rezzonico y Otonello se unen y conforman la compañía Rezzonico y Otonello. Junto a los capitales de la Banca Torquinst contituyen en 1905, losTalleres Metalúrgicos SA sobre la calle Bosch 366 y cuyo directorio estaba presidido por Carlos Torquinst. Se transformó así en una de las plantas más grandes de Sudamérica con 45 mil metros cuadrados y alrededor de mil trabajadores. Su capital era de 2 millones de pesos en oro.

Avellaneda tenía en 1919, 5 fundiciones, la gran mayoría en la zona de Piñeiro. Aunque sin datos precisos sobre los hechos ocurridos se puede inferir que la Sociedad de Resistencia Metalúrgica tenía una importante incidencia en los obreros locales y que estos se solidarizaron con la huelga adhiriéndose a la misma con piquetes y acciones sobre el puente Bosh y la zona de influencia, además de estar cerca de los Talleres Vasena en la Capital Federal. En septiembre de 1920 los trabajadores de la empresa   Talleres Metalúrgicos inician un paro en reclamo de jornadas de 8 horas de trabajo, siendo aceptado favorablemente 3 días después del comienzo del conflicto.

En 1925, Talleres Metalúrgicos adquieren las existencias de la Talleres San Martín Compañía Mercantil y Rural S.A. Nace de este modo la Sociedad Anónima    Talleres Metalúrgicos San Martín (TAMET).

(1)  Pigna, Felipe: Los mitos de la historia argentina 3.

(2)  Rock, David: La semana trágica…

(3) Pigna, Felipe: Los mitos de la historia argentina 3.

(4) Godio, Julio: La semana trágica de enero de 1919.

(5) Godio, Julio: La semana trágica de enero de 1919.

(6) Avellaneda y La cuestión Obrera,

(7)  Fernández   Larraín, Federico:   Historia   del Partido de Avellaneda.

(8)  Godio, Julio: La semana trágica de enero de 1919

Acerca de Hernán Bravo

Director y fundador del periódico La Voz de Piñeiro desde 2003. Técnico superior en Periodismo egresado de TEA en 1998.

Ver todas las entradas de Hernán Bravo →

Un comentario en «LA SEMANA TRÁGICA EN AVELLANEDA»

  1. Excelente articulo,siempre escuche q Pineiro era un barrio d lucha,pero nunca algo concreto ,con fábricas donde trabaje. Y otras donde lo hizo mi padre,gracias x la historia !

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *